Cuestión de Merecimiento
Hoy fui a mi universidad. Como muchos lo saben, aunque no es tema de vanagloria, es una universidad estatal, y no cualquiera universidad, es la antigua, la histórica Escuela de Artes y Oficios (EAO), que posteriormente paso a llamarse Universidad Técnica del Estado (UTE), para convertirse en lo que es hoy, Universidad de Santiago de Chile (USACH).
Me tocó ir al departamento de finanzas, para retirar los antecedentes que me permitieran retirar mi título de Licenciado en Medicina, que obtuve a lo menos dos años atrás. Y es aquí, y no en otro lado, donde comienza la aventura de hoy.
Como toda universidad estatal existe la burocracia, no podría ser de otra manera, porque o si no serían acusados de dejar de lado sus deberes e intentar una privatización o algo parecido; no sería lo mismo sin burocracia.
Debía retirar un certificado de que no tenía deudas pendientes con la universidad, algo que no debería demorarse más de 5 minutos, es ver en la pantalla, verificar que no existen deudas, abrir la plantilla de certificados, cambiar el nombre por el mío e imprimir. Lo mas trabajoso sería levantarse desde su asiento e ir donde el jefe para que firme el certificado, que gracias a las nuevas impresoras lexmar láser que compró la universidad, no se demoró mas de 15 seg. en imprimirse. Fácil, bonito, barato, pero… no burocrático.
Tiene que venir mañana a buscar el certificado, eso fue lo que me dijeron el martes, antes de que las tormentas se enojaran con mi persona. Hoy era viernes, varios días de plazo para cumplir con sus labores “burrocráticas”.
Me acerqué al mesón, para mi sorpresa me dijeron que no estaba hecho, pero como es tan fácil, en 35 segundos estaba en sus manos un certificado con mi nombre. Ahora venía la prueba de fuego, debía FIRMARSE.
Al cabo de 1 o 2 minutos, eternos, vuelve la secretaria (secretaria de universidad estatal, que esperaban, regia estupenda? No pidan tanto), con el certificado no firmado, si exactamente, no firmado, se sienta y me dice: “… te farta pagal la úrtima cuota…” (la verdad que justo esta secretaria habla bien, pero, aunque no revelaré nombres, en la universidad he visto y escuchado mas de una así, eso no quiere decir que no sean buenas personas), y dicho esto último, colocó con letras gigantes y rojas la palabra DEBE, y acto seguido me dijo que volviera otro día.
Después de los primeros segundos en shock, reaccioné y implore ver mi estado de cuenta, el cual efectivamente no tenía la última cuota pagada, algo extraño, porque yo estaba seguro de haber entregado a tiempo mi talonario. Pero a la vista de los hechos, me comunique personalmente con mi padre, quien me ratificó que dicha cuota estaba cancelada, pero solamente desde ayer, en una sucursal de un banco, con el cual la universidad tiene convenio.
Volví hacia la secretaria, que a esas alturas ya sabía que se llamaba Marisol, y le dije que la cuota había sido cancelada, en tal banco, tal sede y tal día. Después de semejante avalancha de información, permaneció impertérrita, y luego de una eternidad en calma refutó: “… la información la traen en disquetes, no tenemos línea directa con el banco, y para que la traigan, deben juntarse varias personas que hayan pagado en ese banco, por lo tanto, es por eso que tu información no está, así que… vuelve otro día.
Universidad estatal tenía que ser, era mi destino, mi sitio, mi merecimiento.
Pero como soy un hombre de lucha, desde el fondo de mi alma exclame: no habrá alguien más a quien preguntarle?. Entonces como si eso hubiera sido insultarla directamente, me dijo con una expresión de muy pocos amigos: en la puerta del final, con Jorge (olvide el apellido). La verdad es que habían varias puertas y todas con hombres dentro, pero sospeché, por esas cosas de la vida, que un señor chascón debía ser. Y efectivamente era.
Después de esperar por mi turno, me saqué el gorro (lo que no sé si fue buena idea o no, realmente pienso que me veía mas presentable con gorro) y me presenté y expuse mi caso. El me miró, me miro y me dijo: “ … estas hirviendo, … en moco.” Se rió a carcajadas y luego salio de la oficina. Volvió ½ minuto mas tarde para preguntarme el nombre de la sucursal de pago, el cual al llegar al otro mesón ya había olvidado, y dio un nombre nada que ver. Pasados no más de tres minutos, entró nuevamente a la oficina, siempre risueño y me preguntó que estaba tomando. Le conteste que Prednisona, aunque nunca supe si entendió, o si simplemente no supe que era eso, pero no habló mas del tema. Revisó su computador y ya no había deuda en mi cuenta. Sonrió una vez más y me dijo: listo. Anotó, con lápiz rojo, en una esquina del papel SIN DEUDA, y luego con el mismo lápiz tachó la palabra gigantesca que decía DEUDA.
Volví donde Marisol. Me miró extrañada y me preguntó que había pasado. Sonriendo dije ligeramente que estaba todo arreglado y ella, sin saber que cara poner, por no decir que puso cara de nada, me pidió un momento, apretó PRINT en la pantalla, caminó los 20 pasos hasta la oficina de su jefe, y volvió hasta mi, para entregarme un certificado de no mas de 5 líneas. Eso era casi todo lo que necesitaba para ser feliz en ese momento.
Había que apurar el tranco, debía, según recordaba, llegar antes de las 13:30 a la oficina de Bienestar, donde tenía que retirar un segundo certificado de que no tenía deudas pendientes con la universidad. Llegue a las 13:33, obviamente todo cerrado. Me acerqué a la puerta y leí, que era yo el equivocado, la colación era a las 13:00 y abrían a las 14:00, horario preciso e idéntico pero de cierre de registro curricular de mi facultad, oficinas, que debido a otras razones no expuestas, esta vez no a la burocracia, se encuentran muy lejanas.
Pensé, algo que es muy común en una universidad estatal, no por la gente, si no por necesidad en todo sentido, y me di cuenta que Bienestar no abriría exactamente a las 14:00, si no que se demoraría un poco mas; además de que Registro Curricular no cerraría exactamente a las 14:00, si no que se adelantaría un poco mas.
Otra vez afloró mi sentido de lucha y supervivencia. Pero esta vez apelé a otros recursos un poco mas rebuscados, los cuales algunas veces pueden resultar contraproducentes. Pero la secretaria de registro curricular de mi facultad, recibe el nombre de secretaria, además de muy simpática y amable. Le expuse mi caso a lo cual me dijo que ella se iba 14:45 de la universidad, que me esperaba. Con tan grata y buena noticia, me encaminé hacia la cuadra de las fotocopiadoras, obviamente con precios del pueblo pues es una universidad estatal, del pueblo.
Al llegar a la fotocopiadora a buscar una copia de un libro, me puse a conversar con el dueño del local donde acostumbro a ir, del cual soy un poco amigo. Después de algunos chismes de gente de la carrera que él me contó, me preguntó acerca de la próstata, y luego además de dejarme mas barato el libro, dijo a los que estaban en el mesón y que no eran pocos: “… muchachos les presento a la eminencia de la medicina de la universidad…” A lo que yo le respondí: “Eso en la mentira mas grande del mundo, pero también una de las más dulces”. Hay otras más dulces.
Caminando por las nubes, me dirigí hacia Bienestar a esperar los minutos que faltaban fuera de sus oficinas. En esos momentos había un hombre fuera del departamento, aunque no me parecía que fuera alguien muy importante. Error. Se le acercó una persona y le preguntó por la asistente social, le contestó los días que venía y que viniera porque habían horas. Se me prendió la ampolleta y me acerqué y le dije que a que hora abrían, a 2 cm. del letrero que tenía el horario. El muy amablemente me dijo que a que venía, y le dije que a buscar un certificado. Sus palabras fueron acompáñeme. Entró a la oficina, me preguntó el apellido y me entregó mi certificado. No pude contener mi sorpresa, no olviden que es una universidad estatal, no les pagan mucho, ni menos horarios extras. Yo saltaba de alegría.
Llegue a registro curricular 13:59, y adivinen, estaba cerrado. Pero la secretaria me dijo que venía enseguida, lo cual cumplió, y termine mis trámites para obtener mi licenciatura.
Entonces recordé que en el barrio universitario, claramente dominado por las universidades privadas, acababan de “alumbrar” con sistema de internet inalámbrico (Wi-Fi) el paseo Republica, y decidí ir a probar aquel anuncio, aunque fuera de otra realidad (solamente estatal). Caminé hacia Republica, no tomé locomoción, ya que los estatales es sabido que contamos con menos recursos. Después de varias cuadras de sufrimiento, llegue al famoso paseo peatonal.
Me adentre en este nuevo sub-mundo, no recuerdo cuanto, pero fue mas de una cuadra entera, y en este nuevo universo paralelo saque de mi bolso mi mas preciado tesoro, que me permitiría unirme, aunque fuera por un momento, a este tan moderno, sofisticado y “privatizado” sistema galáctico.
Me senté en un lugar donde no me sentí tan indigno, cerca de un carro de hot-dog, lo más parecido a las sopaipillas y arrollados primavera fritos que se venden a la salida de mi casa de estudios. Elegí una banca, con poca gente, y de preferencia no de niñas rubias lindas. Me despeine un poco, para estar mas ad-hoc al lugar, y procedí a la tan esperada unión de los universos paralelos que se llevaría cabo en mi Palm, único testigo de tan disímil matrimonio.
Coloqué Wi-Fi, CONNECT, pero no pasó nada, apreté nuevamente por si había hecho algo mal y ... nada una vez más. Mire hacia todos lados. Nadie advertía mi presencia. Supuse que había asumido una postura privada y seguí con la misma disposición. Guardé disimuladamente mi único elemento de unión con tan diferente forma de vida, y me encaminé directamente hacia la salida del aquel paseo. Ni siquiera voltee a mirar si alguien comentaba mi partida.
Aunque quise correr, aguante mis ganas y lentamente llegue hasta la estación de metro más cercana. Me dirigí hacia la boletería y pague con un billete, de mil pero billete al fin y al cabo, no podía ser menos, aunque era el último que tenía, y me di el lujo de comprar 2 boletos.
Al subir al tren, me volví a mezclar con gente de los más variados tipos, donde no se notan, tanto, las diferencias.
Volví a respirar aliviado. Había sobrevivido a esos momentos que pueden sellar la vida de las personas. Después de respirar pensé, y he llegado a una conclusión:
“Universidad estatal era y es mi destino, mi sitio, mi lugar, básicamente por una cosa de merecimiento”.

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